Doña Telma
Entrevista a Telma Cufré
Uno puede preguntar por ella a cualquier habitante de Pehuen Co. La respuesta será que sí, que conocen a Doña Telma Cufré. Su andar es como el andar del tiempo; sereno, pero firme. Siempre lo fue. Su tímida sonrisa se conjuga con una mirada fuerte y profunda que sabe de sacrificios y de una vida al servicio de su querido Pehuen Co.

Doña Telma nació en Coronel Dorrego allá por el ’42 y ahí nomás se vino a vivir a lo que hoy es Pehuen Co. Su papá Ramón y su mamá Juana vinieron con toda la familia a trabajar en los campos de González Martínez, el fundador de la villa, cuando ella tenía apenas 2 añitos. Su padre se convirtió en el capataz de las estancias que tenia la familia de los fundadores, y su madre se sumó al trabajo cocinando para todos los empleados. Una vida de arduo trabajo en el campo.
Vivían en una casa que aún hoy se ve desde la ruta, en cercanías del camino de La Soberana. Esa construcción se llamaba La Guardia, porque todo quien quisiera llegar a lo que hoy es Pehuen Co debía ingresar por ahí. Una tranquera con candado guardaba el paso hacia el tesoro que por entonces apenas se estaba iniciando.
Algunos años después se mudaron a la estancia San Ignacio y más tarde a la Betún. Desde allí su padre, junto a otros empleados, salían con caballos y tanques de agua a plantar y regar los eucaliptus que hoy conforman el enorme paredón verde que vemos desde la ruta al acercarnos al pueblo. Las manos de los Cufré trabajan desde entonces aquí.
Durante su niñez en el campo Telma intentó ir a la escuela de La Soberana, pero no siempre podía. Junto a su hermano “Chocho” salían a caballo, pero un arroyo solía crecer bastante en su caudal, lo que les impedía pasar. Lo intentaban siempre, incluso con lluvia o tormentas, lo que hacía la travesía más peligrosa pero también más divertida. Cada día era un nuevo desafío.
Algunos años después, cuando Telma ya estaba en cuarto grado, producto de la insistencia y el anhelo de los pioneros, se inauguró en Pehuen Co la Escuela Nº18. Una sola maestra, claro, que ponía un esmero fuera de serie para enseñar, y 12 compañeros. Telma fue la primera egresada mujer, y lo hizo junto a Carlos Carrera, el primer egresado varón.

Por aquellos años el pueblo era muy diferente. Un puñado de casas, el almacén de ramos generales La Boya, y muchos deseos de progreso. La electricidad era sólo un sueño por esos días. Tampoco había teléfono o algún medio de comunicación similar. Pehuen Co era apenas un jardín intentando levantarse en el médano junto al mar.
Por esos días González Martínez tenía unos camiones con los que traían tierra negra para rellenar el camino actual, el cual estaban abriendo de forma rudimentaria, a fuerza de palas de buey tiradas por caballos. Un trabajo muy sacrificado para que el mundo pueda conocer el paraíso que se estaba gestando.
Y como no había demasiado y ese camino de acceso era aún muy dificultoso, en cercanías del pueblo tenían un tambo donde se producía pan y leche, se criaban pollos y se hacían huertas con lo que se abastecía a los poquísimos pobladores asentados en la villa. Telma fue testigo del comienzo del progreso del pueblo. Y lo fue junto a sus hermanos y sus padres, que hasta festejaron sus cincuenta años de matrimonio en La Toscana. Dos trabajadores y luchadores incansables.

Cuando terminó la escuela primaria, Telma se fue a Bahía Blanca a estudiar peluquería, y a su regreso trabajó un tiempo de peluquera en el flamante hotel Cumelcan, uno de los más importantes y pintorescos de la época. Luego trabajó en casa Romasco, uno de los negocios más añejos que aún perduran en el pueblo.
Entre todos esos trabajos, hubo uno que le permitió conocer a todos en la villa. Telma fue la primera operadora de la única cabina telefónica que funcionaba en el hotel-restaurante de la familia Cipolloni, donde además funcionaba de almacén de ramos generales. Una pieza vital para la comunicación de aquellos días. “Todos venían a hablar por teléfono, así que conocí a todo el pueblo y ellos a mí. Es el día de hoy que mucha gente me ve y me reconoce como la telefonista del pueblo”. Tiempo después habían traído un tráiler con cinco cabinas, que fue colocado en las esquinas de Villanueva y Brown, para luego trasladarlas frente a la plaza Carrasco.
El primer botiquín farmacéutico del pueblo, una mini farmacia propiedad de don Fojel que funcionaba en calle Brown, también fue atendida por Telma, que ya trabajaba también en la Delegación Municipal, donde era la única empleada administrativa. “Hacia todo! Cobraba, limpiaba, atendía los pedidos y demandas de la gente…” recuerda riendo. La pequeña administración tenía otros poquitos empleados que eran los que efectuaban el mantenimiento del pueblo.

Cuando en 2003 asumió la intendencia del Distrito el ingeniero Néstor Starc, se efectuaron por primera y única vez en Pehuen Co elecciones democráticas para elegir a su delegado. La gran capacidad de trabajo y la confianza que Telma ganó entre los vecinos durante toda su vida la convirtieron en la primera Delegada Municipal. Un capítulo que la puso a prueba. “Es un trabajo difícil; la Delegación recibe pocos medios y se dificulta mucho resolver diversos conflictos y trabajos que la villa debe afrontar”, afirma.
Telma no estaba dispuesta a darle la espalda a la confianza que sus vecinos le dieron y no podía aceptar la falta de respuestas de parte de la dirigencia a las necesidades que llevó una y mil veces. Renunció y ya nunca más Pehuen Co tuvo la oportunidad de elegir a su representante.
Después de jubilarse, con su actitud proactiva y la enorme vitalidad que tiene, sin duda herencia de Ramón y Juana, se involucró con la Sociedad de Fomento donde es parte de la Comisión Directiva, y en verano, con ese gustito que le quedó por charlar con la gente cuando atendía la cabina telefónica, se encarga de la venta de boletos en la terminal de ómnibus.

Hoy doña Telma Cufré lleva casi 75 años viviendo aquí. Cinco años más que la fecha de fundación oficial de Pehuen Co. No sólo vio pasar toda la historia del pueblo, sino que fue parte activa de ella. “Elegiría de nuevo Pehuen Co, no cambiaría esta historia. Acá está mi familia, mis hermanos. Acá crecí junto a mis padres, los disfruté, crié a mis hijos en la tranquilidad del pueblo. Pehuen Co me dio todo lo que tengo y soy feliz acá”, asegura con añoranza.
En cuanto al futuro, doña Telma fiel a sus convicciones advierte que todo se basa en la unión. “Es necesaria la unión de la gente para mejorar los conflictos; si hubiera unión, incluso en las diferencias, y le metiéramos ganas a los proyectos, se podría mejorar mucho en nuestro amado pueblo. La unión hace la fuerza. Cuidemos este incomparable lugar, no destruyamos su esencia. Es único, y es nuestro”.




Comentarios