El precursor
Entrevista a Don Roberto Galindez
Repasando los distintos números de nuestra revista, de cara a esta nueva edición, el nombre de Roberto Galindez apreció una y otra vez. Por eso decidimos ir a verlo a su casa y charlar un rato sobre los orígenes de la revista. Sin dudas fue su máximo precursor.

Un sol de una calidez particular nos acompañó ese día por las calles anchas y frondosas que conducen hasta lo de Don Roberto, que hoy suma 88 años y una mirada serena y amable.
Como uno de los máximos artífices de esta publicación, Roberto Galindez es el autor de 10 años de ediciones de nuestra revista, que se inició allá por el 2002. Sentado en su sillón, con una voz tranquila, que desplegó una charla muy amena en la que rememoró su paso por la Sociedad de Fomento “Amigos de Pehuen Co” y de su huella indeleble en la producción de Habitat.

A medida que charlábamos y nos contaba que cuando se inició la revista él escribía las notas, diseñaba las publicidades e imprimía la publicación (en una palabra, hacía todo), notábamos cómo se le iluminaban los ojos cuando recordaba aquellos días de producción periodística y literaria. Le era imposible disimular una sonrisa en su rostro cada vez que su prodigiosa memoria volvía a recorrer las páginas de cada edición que hizo.
Roberto pisó Pehuen Co por primera vez en 1995 de manera fortuita. Venía de Monte Hermoso y vio sobre la ruta 3 un cartel de entrada a un pueblo de nombre araucano. La intriga por saber que sería eso lo llevó a doblar el volante y meterse. Claro que por esos años el ingreso a la villa era una aventura sólo reservada para valientes, ya que la ruta de acceso estaba realmente destruida. Pero al llegar, después de un camino serpenteado, a él y su familia los abrumó la paz y el aire que se respiraba. Don Galíndez asegura que fue un amor a primera vista.
Ahí mismo buscaron una casa para alquilar por unos días y, sin más preámbulos, decidieron comprar un terreno y clavar ancla en Pehuen Co, para venirse a residir en cuanto se jubilara. No le faltaba mucho, así que un puñado de años después, cuando dejó de trabajar como personal civil controlador aéreo de la Fuerza Aérea Argentina, allá en Comodoro Rivadavia, agarró todo y se vino. Porque si bien le gustaba su trabajo, Comodoro no ofrecía el clima que él y su familia querían para vivir y disfrutar.
Algunos años después lo fueron a buscar de la Sociedad de Fomento para participar y, como él se le animaba a todo y era una persona muy activa que necesitaba hacer cosas todo el tiempo, aceptó el desafío.
A Don Roberto se le atropellan los recuerdos de aquellos incansables días de mucho trabajo en la Sociedad de Fomento y de cómo surgió la idea de hacer la revista. “Teníamos la necesidad de comunicar las actividades que realizábamos y a su vez queríamos fomentar el anhelo que soñábamos para Pehuen Co, que era tener una villa modelo.

“Siempre buscamos apoyar el desarrollo de todo el potencial turístico que nos identifica, desde lo paleontológico hasta la naturaleza, sin olvidarnos de convivir con lo que nos rodea y no destruirlo”.
Cuando le preguntamos sobre el nombre de la revista, de por qué la bautizaron Hábitat, Don Galindez se sonrió y nos preguntó si sabíamos qué era el Habitat. De inmediato le expresamos que es el lugar donde uno vive, definición que aprobó con la misma sonrisa con que preguntó. Recordó que en uno de los primeros ejemplares de la revista decía: “Hábitat: territorio donde se cría una especie animal o vegetal; pero para nosotros era más que eso, es más bien el lugar donde vivimos desarrollando nuestras actividades y, puesto que el hombre ocupa casi la totalidad del planeta, éste es nuestro Hábitat y como tal tenemos que cuidarlo”.
La claridad conceptual que entonces tuvieron para bautizar la publicación, excede su propio tiempo y, como suele pasar con las buenas ideas, mantienen su vigencia con los años. En aquel 2002, por primera vez la villa tenía sus propias páginas.
Don Roberto asegura que “en general, la gente del pueblo la recibió bien y tuvo una buena aceptación. A los que no les gustó tanto fue a los políticos; quizás porque en sus páginas se expresaban algunas críticas de gestión.
El tiempo y su don de acción hicieron que en algún momento le ofrecieran se Delegado de la villa, pero ahí Don Galíndez se acordó de su hermano mayor, que había sido diputado y que se hacía mucha mala sangre, y también recordó aquel día de 1995 cuando llegó a Pehuen Co por primera vez y decidió pasar su jubilación tranquilo, así que decidió denegar la oferta y continuar aportando a la comunidad desde la Sociedad de Fomento.

Después de varios mates y con el sol rotando hacia su ocaso, Don Roberto Galíndez, el precursor de esta revista, nos confesó con alegría que después de algunos números la gente lo felicitaba y que, aún hoy, algunos “siguen pidiéndome la revistita con su viejo formato”.
Sin haberle quedado nada en el tintero, ni en sus tiempos de editor ni ahora, nos acompañó hasta la puerta y nos despidió con esa amabilidad tan propia de él. Y nos dijo que les dijéramos a ustedes, los lectores de hoy, que “cuiden mucho a Pehuen Co, que un lugar así no se ve en cualquier parte”.




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